Yo soy venezolana, y por ende me siento en la necesidad incontrolable de hacer esta entrada, primero para describir la etapa de la historia venezolana tan importante que estamos viviendo (y así no se me olvida), y segundo para expresar mi indignación con respecto a eso.
Hace algunos meses, el 1 de julio de 2012, si mal no recuerdo, se iniciaron las campañas electorales para optar por el cargo de presidente de Venezuela, enfrentándose Henrique Capriles Radonski y Hugo Chávez Frías como principales mandatarios. Recuerdo perfectamente que fue mi primera experiencia política, y agradezco enormemente que haya sido bajo el liderazgo de un hombre tan completo como Capriles. Cada día llegaba a mi casa con la emoción de poner el canal de televisión opositor Gobovisión, para así seguir al "flaco" en cada una de sus concentraciones por todos los estados del país. Sus discursos eran escasos e inocentes al principio de la campaña, de alguna manera pienso que se veía de tal forma porque se enfrentaba a un candidato que llevaba 14 años en el gobierno, con una gran experiencia dando discursos emotivos con los cuales se ganó gran parte del cariño de la población, sin rencores pienso que era un líder carismático, y a eso se enfrentaba Capriles con su escasa experiencia como Gobernador.
Sorpresivamente, durante la campaña, ese flaco logró conquistar el corazón de millones y millones de venezolanos, incluyéndome, incluyendo niños, incluyendo personas mayores, incluyendo a los trabajadores, incluyendo a extranjeros. Su campaña fue netamente de propuestas económicas, sociales, políticas, para solucionar la crisis en la que estaba cayendo poco a poco el país. De esta manera, gran parte de los venezolanos nos dimos cuenta de que definitivamente necesitábamos un cambio, y que con este flaco al frente de nuestras tropas había un camino, "hay un camino". Fue una época de mucho miedo, sin embargo, ya que el candidato por parte del Gobierno, Chávez, amedrentaba verbalmente a quienes trabajaban para el gobierno, con el propósito de evitar su voto en favor a Capriles.
En su campaña "casa por casa" y "pueblo por pueblo", Capriles visitó Miranda, y sin duda alguna me fui a su concentración para poder verlo cara a cara. Esperamos horas y horas, ya que, por día, este fabuloso hombre visitaba tres estados de Venezuela. Se escuchaban los rumores de que venía por esta calle, de que venía caminando, de que lo traían en un helicóptero, de que venía en un camión, en fin... A esto de las 6 de la tarde, con la euforia de personas que ni siquiera sabía que existían algunas horas atrás, con su sudor juntándose con el mío, con una esperanza incomparable, gritando consignas electorales, con la imposibilidad de moverse a gusto ya que la multitud te arrastraba sin piedad, llegó finalmente Capriles. Precedido de muchas personas en moto abriendo paso, se visualizó su presencia a lo lejos, con su típica mano al cielo luego de aplaudir dos veces, bendiciendo y saludando a su pueblo simpatizante, que llevaba horas esperándolo con ansias. Lo vi, a unos centímetros de mi, y fue una de las emociones más vivas que he podido sentir en mi vida, sin importar que siquiera podía mantenerme en pie.
Lo seguimos, evidentemente, luego de que su camión pasara delante de nosotros. Era impresionante la cantidad de personas presentes en esa concentración, no podía creer que en mi pueblo se residenciara tanta gente. Fue mi primera marcha, eran pasadas las 6 de la tarde, y la cantidad de personas no nos permitían caminar con tranquilidad, pero me encantaba, sinceramente esa euforia y esa esperanza me llenaba de vida, me daba confianza infinita de que el país tomaría un rumbo diferente con el triunfo indiscutible de Henrique Capriles Radonski.
El 7 de octubre de 2012, día del sufragio, salí muy temprano en la mañana a acompañar a mi mamá a ejercer su derecho, porque desafortunadamente tenía apenas 16 años. Las colas en los centros de votación eran interminables, éstos abrían a las 6 de la mañana, y las personas ya estaban realizando sus respectivas colas desde horas antes. Nosotras llegamos a las 5:30, y si no me equivoco, salimos a las 12 del mediodía o un poco más tarde. Valió la pena, sinceramente valió la pena hacer tales colas por un voto a favor del flaco. A esto de las 4 de la tarde, daban como ganador indiscutible a Capriles, pero minutos antes del cierre de los centros (dispuesto a las 6 de la tarde si no habían más electores en cola), los funcionarios del gobierno movilizaron a sus simpatizantes que aún no habían votado, y fueron obligados a votar por Chávez.
Mucha incertidumbre, mucha espera, mucha desesperación, y posteriormente demasiada decepción. Llenos de sorpresa por la apresurada entrega del primer boletín electoral por parte del CNE, ya todos vislumbrábamos la derrota. Era costumbre que en cada proceso electoral, éste ente encargado de dar a conocer el resultado de las votaciones, se tardara más horas de las previstas, incluso hasta la madrugada del día siguiente al sufragio, para emitir sus resultados. Estábamos acostumbrados a ver una famosa "baranda", a la espera de la aparición de la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, quien luego se daba un postín tomando agua, saludando a cada venezolano y venezolana, alargando aún más la espera.
Recuerdo que antes de que anunciaran los resultados, innumerables famosos venezolanos opositores habían expresado sus condolencias, ya que todos sabían que nos habían derrotado. Y en efecto, se dieron los resultados y perdimos, por un poco menos de dos millones de votos.
La depresión fue indescriptible, no había llorado tanto en mi vida, sentí que me robaban a mi Venezuela, y así era, mi Venezuela se iba abajo, aún más abajo. Escuché a mi líder, Capriles, quien aceptó los resultados (y fue criticado por esto), admitiendo que habíamos perdido, más iba a seguir luchando, porque él y todos nosotros sabíamos que efectivamente había un camino y ese camino estaba a su mando, todos nos habíamos montado en el autobús del progreso y esta no era su última parada. Sin importarme esto, seguí llorando de impotencia, de rabia contra aquellos que no abrían los ojos con respecto a la situación que se estaba viviendo en el país, impotencia porque Venezuela es perfecta en todos los sentidos, y nosotros mismos la estábamos conduciendo a su plena destrucción. No entendía como habían personas que querían vivir en la pobreza y a merced de la delincuencia, sin saber si iban a llegar sanos y salvos a sus casas. No entendía como habían personas que no sabían en que magnitud se regalaba el petróleo del país a otros países que definitivamente estaban dependiendo de nosotros, mientras nuestras carreteras eran intransitables, nuestros hospitales eran tan inservibles que podrían llamarse cementerios, mientras morían niños, adolescentes, adultos y los más viejitos sin que al gobierno le importara, mientras habían millones de personas sin vivienda digna y propia, mientras la basura nos consumía, mientras los derechos se irrespetaban, en fin, tantas cosas que estaban pasando en el país ¿y aún estas personas querían seguir en este infierno?, no podía creerlo.
Pues si, había ganado Chávez, se habló de un fraude pero Capriles afirmó que no era así. Y el país siguió su rumbo, los trabajadores a su trabajo, los estudiantes a seguirse educando, los niños a seguir riendo, los venezolanos a seguir viviendo y esperando por el cambio, luchando por el cambio.
Días después de la victoria del presidente, se anunció que debía viajar a Cuba para tratarse un cáncer que le habían diagnosticado hace dos años aproximadamente. En su campaña, Chávez aseguraba que su cáncer estaba completamente curado, más no era así. En su última transmisión por cadena nacional, anunció al pueblo que si existía la posibilidad de su ausencia absoluta, el dejaría como candidato a Nicolás Maduro para unas futuras elecciones, como lo indica la Constitución, y así se fue, dejándonos a la deriva y sin saber exactamente lo que estaba pasando. Para el mes de diciembre ya habían sospechas de que el presidente había pasado a una mejor vida, sin embargo los encargados del Gobierno aseguraban que se estaba recuperando, que cuando lo visitaban él podía hablar como siempre había hecho, por bastantes horas, y además que hasta estaba jugando ping pong (creo que era ping pong, la verdad no le presté demasiada atención porque sabía que era una mentira), y firmando documentos como si nada. El presidente no dio señales en Navidad ni año nuevo, y siendo como era, todos esperábamos como mínimo una cadena nacional de 8 horas.
El 18 de febrero de 2013 corrieron los rumores de que a las 5 de la mañana había llegado un avión que traía al presidente para seguir sus tratamientos en Venezuela. En efecto había llegado a Venezuela, pero nadie que conozca pudo verlo siquiera en una foto para decir que su llegada había sido verídica. En fin, este presidente invencible falleció días después de su llegada al país, el 5 de marzo. Muchos pensaron que quiso venir precisamente para morir en su "patria". Otros, la mayoría, tenían dudas de que hubiera sido esa la fecha en la que falleció, y algunos también dudaban que hubiera muerto en Venezuela. El caso es que Chávez había muerto, y el país estaba sometido a una incertidumbre infinita sobre los siguientes procesos electorales que se debían desarrollar en los siguientes 30 días como lo indica la Constitución. El anuncio tardó en llegar, pero finalmente se iban a dar las elecciones.
La oposición estaba confiada en que Capriles volvería a luchar por la presidencia y se postularía como candidato, pero nadie lo había afirmado con exactitud, y comenzaron a generarse dudas y miedos. Sin Capriles, la oposición no tendría un líder político.
Y así fue como Capriles dio su mejor declaración al país, declaración que le puso los pelos de punta a los venezolanos. Al principio dudé, pensé que no iba a aceptar ser nuestro candidato, vi todo derrumbarse ante mis ojos, porque sin duda alguna el lanzarse de nuevo como candidato lo ponía en peligro y pensé que no se arriesgaría. Pero luego me dio esperanzas, cuando comenzó a preguntarnos que harían con aquellos venezolanos que son victimas de la violencia diariamente, que harían con aquellas madres que habían perdido a sus hijos, y aquellos hijos que habían perdido a sus madres, que harían con los que no tenían dinero ni para comer, y aquellos que lo tenían pero no podían comprar los productos de su preferencia porque había escases. Se preguntaba: ¿y qué les decimos nosotros, que no vamos a luchar?, y él mismo se respondía: ¡Yo si voy a luchar!. Nos dijo que dejaría el pellejo por nosotros, y nos pedía que nosotros lo dejáramos por el. Nos aseguró que no iba a aceptar resultados que no reflejaran lo que quería el pueblo, que no nos iba a dejar, y me sentí extremadamente feliz. Teníamos una segunda oportunidad de progresar.
La multitud de gente que apoyó a Capriles el 7O estaba decepcionada, no querían perder su voto nuevamente, y escuché de muchos que estaban decididos a no votar. Formalmente se inscribieron los candidatos Capriles y Nicolás Maduro, como había previsto el presidente fallecido. La campaña de Capriles había cambiado por completo, mientras en las elecciones pasadas estaba llena de propuestas, ahora estaba llena de realidades, cada vez que el inepto de Maduro se equivocaba en sus discursos, Capriles lo destruía diplomáticamente y educadamente, sin insultar a nadie, pero abriéndole los ojos a todos. Nos aseguraba que "Venezuela somos todos", sin ninguna distinción política, mientras que el otro candidato nos descalificaba diciéndonos burgueses y demás. Capri nos demostró que el iba a trabajar por todos, que todos somos hijos de Bolívar, que le iba a tender su mano a cualquiera que la necesitaba, sin ver el color de su camisa ni su preferencia política.
Y así fue como conocí a Maduro, un hombre con menos educación que yo, que ni siquiera he terminado el bachillerato. Este candidato fue un autobusero en el pasado, si, un autobusero, no estudió ni tenía intenciones de hacerlo, y además nos dimos cuenta de que siquiera conocía al país. Este inepto incapaz llegó a decir que Margarita era un estado de Venezuela, y también Cumaná y algunos más. Este desubicado llegó a decir que un pajarito era Chávez, que se le acercó y le dio una señal, ¡por favor!. Este inculto destruyó al país en 100 días, con su devaluación de la moneda, con la inflación, con un centenar de cosas. Este idiota estaba propuesto para ser presidente, pero le agradezco a Chávez que lo haya dejado a él, porque muchos chavistas abrieron los ojos y lo abandonaron para apoyar a mi líder, quien supo aprovechar la poca inteligencia que tenía su contrincante.
Mucha más gente se había unido a Capri, y habían algunos todavía que seguían consignas como "Chávez vive, la lucha sigue", "Chávez te lo juro, mi voto es por Maduro", "Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro", y muchas ignorancias más, apoyando a un muerto ya que Maduro no tenía absolutamente nada que ofrecer. Obviamente el candidato del Gobierno se aprovechó de la situación y simplemente jugó con los sentimientos que los chavistas le tenían a Chávez para que votaran por el, porque obviamente ellos no iban a desobedecer los mandatos de su comandante. Y por fin llegó el día de las elecciones, 14 de abril de 2013.
Me asusté, me asusté muchísimo, porque las colas que había presenciado el 7O no estaban presentes este día, no había gente votando, las calles estaban solas, no podía creer que las personas de verdad no salieran a votar. Para este proceso tampoco pude sufragar, tenía y tengo 17 años, aún me faltaba un "$"#! año para ser mayor de edad. Capriles había llamado a una votación "graneadita", y que no fueran todos a votar en la mañana como se acostumbra, para que no sucediera la movilización de chavistas como la vez pasada, y acataron su llamado porque luego con los resultados me di cuenta de que efectivamente si salieron a votar.
Horas antes de dar el resultado, el Comando Simón Bolívar que acompañaba a Capriles dio una rueda de prensa, y prácticamente dijeron que ya habíamos ganado, ya los centros estaban cerrados y los resultados estaban en sus manos. Pero cuando hablaba el Comando Hugo Chávez, que apoyaba a Maduro, también reían y celebraban su supuesta victoria, no sabíamos que pensar.
Pasaron las horas, y mientras más tardaban para dar los resultados, más se pensaba que habíamos ganado y que estaban planeando un fraude. Ya las personas anunciaban que estaban intentando invertir los resultados y muchos más rumores. Hasta que pasadas las 11 de la noche salió la famosa Tibisay, con una cara de susto que no se la quitaba nadie, se sentó en su silla y sin el infinito protocolo de saludos, anunció que había ganado Maduro. Sin más, se fue. No hubo anuncios de votos por estado, de votos detallados de los otros candidatos, de votos nulos, de votos en el exterior, nada, simplemente se retiró. Vicente Díaz, el único representante opositor en el CNE, permaneció en su silla cuando Tibisay se retiró, y habló al micrófono pidiéndole a los venezolanos que exigieran un conteo del 100% de los votos, y así se retiro él también.
Luego de esto, el desgraciado de Maduro se encadenó en Miraflores, residencia de los presidentes, y aceptó que se contaran el 100% de los votos, y como era costumbre, su discurso estuvo basado en Chávez, Chávez y Chávez. Capriles apareció posteriormente afirmando que no iba a aceptar los resultados, porque su información lo daba como ganador a él, y efectivamente iba a luchar por cada voto que se había efectuado el 14, y pidió al CNE un reconteo, que esta perfectamente permitido en la Constitución.
Y aquí estamos, en una guerra de una Venezuela dividida, somos dos mitades que exigimos el reconteo de votos que aún no ha sido aceptado, y sinceramente no pienso que lo acepten.
Recuerdo que el 8 de octubre, un día después de las elecciones, Venezuela estaba de luto, más el 15 de abril Venezuela amaneció arrecha. Manifestaciones se llevaron a cabo en todo el país, muertos y heridos han resultado de las enfrentaciones directas de los militares que están con el gobierno hacia los simpatizantes de la oposición, acusaciones hacia Capriles de incitar a la violencia cuando el simplemente exigía un reconteo de votos, insultos, malas interpretaciones, persecuciones, disparos, CACEROLAZOS que se han escuchado en todo el país, amenazas, violaciones a los derechos...
Supuestamente Venezuela es un país democrático, y nos acusan de violentos por exigir un reconteo de votos, a los funcionarios opositores no les dan derecho de palabra en las Asambleas porque no reconocen a Maduro como presidente, no nos permiten realizar manifestaciones pacíficas porque aseguran que no nos van a dejar llegar a nuestro destino, nos echan muertos encima que ellos mismos han provocado, y todo esto por no querer contar unos putos votos, con el cuaderno de votación y las actas de escrutinio. Y además, ahora los papelitos en donde sale tu voto supuestamente no sirve para nada, y el conteo manual no existe, gran noticia.
Ya hoy es el tercer día después de las elecciones, y sorprendentemente el país esta en calma, peligrosa calma. No se si sea porque ya se nos olvido que están violando la Constitución de nuestro país, o porque estamos esperando nuevas señales de nuestro líder Capriles.
Pero afortunadamente aquí sigo, y haré mi cacerolazo esta noche como es de costumbre (y como me ordenó Capri), porque Venezuela sigue arrecha, o por lo menos yo sigo arrecha.
